Paz se encontraba sentada en una banca del parque, con las manos entrelazadas sobre su regazo, incapaz de ocultar el temblor que recorría su cuerpo.
Sus hijas reían, correteaban entre los juegos, inocentes, ajenas a la tormenta que se cernía sobre sus vidas.
Pero Paz no podía relajarse. No cuando sabía lo que esas pruebas de paternidad revelarían. No cuando su mundo entero estaba a punto de colapsar.
Sintió el viento fresco sobre su piel, sintiendo la angustia.
A lo lejos, entre las sombras de l