—Dime, Terry, ¿cómo es? ¿Me va a amar?
Terrance acarició suavemente su rostro, acercándose lentamente a ella.
Su nariz rozó la de Paz en un gesto tierno, como si quisiera transmitirle toda la serenidad que sentía.
—Ella ya te ama, Paz. Es imposible que alguien en este mundo no ame a mi Paz.
Una sonrisa llena de esperanza apareció en los labios de Paz, pero también una sombra de nerviosismo.
—¡Gracias, Terry! —susurró, con la voz quebrada por la emoción.
Juntos caminaron hacia el restaurante, el