Cuando Paz regresó a casa, no pudo evitar detenerse antes de entrar a su habitación.
La conversación con Terrance de esa noche todavía retumbaba en su mente, y necesitaba hablar.
—Gracias, Terry… lo que hiciste por mí hoy… ¡Fue increíble! —dijo con la voz temblorosa, intentando controlar el nudo en su garganta.
Terrance sonrió, su mirada suave, pero intensa, y tomó su mano, llevando su dorso hasta sus labios en un beso tierno.
—Haré todo por verte feliz, Paz… te amo, sé que antes dije que nunca,