Capítulo: Esta vez no escaparás.
—¡Mamita, no te enojes con lobito feroz! —suplicó Mila con ojos vidriosos, su manita aferrada a la de su hermana.
Paz sintió que su corazón se estrujaba, pero su expresión se mantuvo firme.
—Mia y Mila, vayan con su niñera al auto.
Las niñas vacilaron un segundo, mirando a Terrance con incertidumbre.
Finalmente, obedecieron y tomaron la mano de la mujer que las conduciría lejos de ese momento tenso.
A lo lejos, la enfermera y el guardia de Terrance se alejaron, casi desvaneciéndose entre las som