Paz llegó a casa con el corazón martillándole el pecho.
Apenas cruzó la puerta, un nudo sofocante le cerró la garganta y se desplomó en el suelo, sollozando sin control.
Sus manos temblaban al cubrirse el rostro, su respiración era errática, rota.
La idea de perder a sus hijas la estaba destrozando.
Se obligó a levantar la mirada, sus ojos empañados recorrieron el lugar en el que había intentado construir una vida lejos del infierno que una vez conoció.
Pero ahora... ahora todo volvía a derrumba