En el hospital.
Paz entró lentamente a la habitación, su corazón latía con fuerza en su pecho.
El aire olía a desinfectante, pero ella apenas lo notó. Sus ojos se posaron en el hombre que yacía en la cama, tan débil, tan frágil.
Ya no era el mismo hombre que había sido su padre, aquel que la miraba con desprecio, que le gritaba, que la despreciaba con una crueldad que todavía podía sentir en lo más profundo de su ser. Su rostro estaba demacrado, sus ojos apagados por el paso del tiempo y la enfe