La adolescencia de Lucia llegó con la fuerza silenciosa de una marea creciente.
A los catorce años, era una versión más joven y feroz de Emily: misma determinación en la mirada, misma inteligencia aguda, pero con una capa adicional de la intensidad de Caleb.
Observaba el mundo con ojos que no se conformaban con respuestas superficiales.
Fue un sábado por la mañana, mientras desayunaban, cuando hizo la pregunta que ambos sabían que llegaría tarde o temprano.
—Papá —dijo, jugueteando con su cuc