La fundación cumplió veinte años. Emily, que había pasado de ser la prisionera a la filántropa, decidió que era momento de dar un paso atrás.
No una retirada, sino una transición, como la que Caleb había hecho años atrás.
—No puedo dirigir esto para siempre —dijo, en la reunión del patronato—. Y no quiero. He dado todo lo que podía dar, y ahora necesito que sangre nueva tome el relevo.
La decisión sorprendió a muchos, pero no a Caleb.
Él había visto el cansancio en sus ojos, el peso de década