El funeral de Emily se celebró en primavera, cuando el cerezo del jardín estaba en plena floración.
No fue una coincidencia; ella lo había pedido años atrás, en una conversación casual con Lucia, como quien planea unas vacaciones.
—Quiero que me recuerden con flores —había dicho—. No con lágrimas.
La ceremonia fue tan íntima como la de Caleb, pero diferente.
Había más luz, más color, más niños correteando entre las piernas de los adultos.
Los nietos de Emily, ahora adolescentes y adultos jóv