Los días comenzaron a organizarse como una coreografía impuesta.Desayuno. Pastillas. Caminata vigilada en el jardín de invierno. Almuerzo. Más pastillas. Cena.Siempre bajo observación.A veces Caleb la acompañaba en los paseos, con las manos en los bolsillos y el paso relajado, como si aquello fuera un idílico retiro en las montañas. Otras veces era Silvia, silenciosa como una sombra, siempre a un metro de distancia, siempre atenta. Emily había intentado iniciar conversación con ella una vez.No obtuvo respuesta.Nunca estaba sola. Ni siquiera en la ducha: sabía que había cámaras en los pasillos y guardias apostados tras las puertas cerradas.Nunca.Una semana después de su llegada, apareció una maleta nueva a los pies de su cama. No escuchó cuándo la dejaron allí. Eso fue lo que más la perturbó.Dentro había vestidos sueltos de algodón y lino, pantalones con cinturilla elástica, camisas amplias, ropa interior cómoda. Todo en tonos neutros: crema, azul marino, gris perla. Telas sua
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