El mes que Lucia pasó en Washington fue el más largo en la vida de Caleb.
No por la distancia geográfica, sino por lo que simbolizaba: el primer paso firme de su hija hacia un mundo donde él no podía protegerla con su presencia física.
Las llamadas diarias se convirtieron en el ancla de sus días.
Lucia, entusiasmada, le contaba las conferencias, los debates, los nuevos amigos.
Hablaba de políticas públicas y de casos legales con una pasión que le recordaba a Emily en sus primeros meses en la