Los días después de la muerte de Caleb fueron un tiempo suspendido, una burbuja de silencio y duelo que envolvía a la familia.
Emily, aunque rota por dentro, se mantuvo firme, como siempre había hecho.
Organizó el funeral con la ayuda de sus hijos, eligiendo cada detalle con el mismo cuidado meticuloso que Caleb habría apreciado.
El servicio fue íntimo, en la pequeña capilla del pueblo donde habían vivido durante tantos años.
No hubo grandes discursos ni muestras de poder. Solo familiares, a