El parto de Mateo (sí, decidieron llamarlo así, en honor al abuelo profesor de Caleb, no al oscuro pasado) fue tan diferente al de Lucia como la noche al día.
Emily dio a luz en un hospital moderno, con Caleb a su lado sujetando su mano, animándola con palabras de amor en lugar de órdenes tensas.
No hubo miedo a balas perdidas o a intrusos, solo la concentración intensa y dolorosa del milagro de la vida.
Cuando el pequeño Mateo, con un vigoroso llanto, fue colocado sobre el pecho de Emily, un