Capítulo 288: El Eco del Carcelero
La bruma se cerró sobre ellos como un sudario de escarcha. Astraea retrocedió, con la palma de la mano aún ardiendo por el contacto con la sangre de Valerius. Las imágenes del espejo de obsidiana daban vueltas en su mente: el rostro de Valerius, más joven y endurecido por la guerra, cerrando la pesada puerta de piedra de la torre mientras ella, una niña, gritaba desde la oscuridad.
—¿Me encerraste tú? —La voz de Astraea fue un latigazo en el silencio de la fro