Capítulo 286: El Umbral de la Bruma
El frío de las montañas del Norte cambió de naturaleza. Ya no era el hielo que muerde la piel, sino una oscuridad densa que se filtraba en los pulmones, una niebla que separaba el mundo de los vivos de aquel donde las sombras reclaman su tributo. Astraea sentía el latido en su vientre como un tambor de guerra, una advertencia de que la paz obtenida tras el rito de las montañas era tan frágil como el cristal negro.
Valerius caminaba a su lado, su figura ruda y