Capítulo 274: El Latido del Carcelero
El nombre de Elowen quedó flotando en el aire como una sentencia. Astraea sintió que la marca en su nuca ardía, no con el calor protector de Valerius, sino con una frialdad gélida que parecía devorar su voluntad. La torre vibraba, y cada crujido de la madera petrificada resonaba como un tambor de guerra en sus oídos.
Frente a ella, Malakai observaba con una sonrisa de depredador, mientras Valerius se mantenía como un muro de carne y cicatrices entre ella y