Capítulo 227: El Abismo de Marfil
La punta de la espada roja, idéntica en tono y fulgor al mapa que recorría el pecho de Astraea, no buscaba su muerte, sino su apertura. Al hundirse en el centro de su esternón, Astraea no sintió el desgarro del metal, sino la invasión de una memoria que no le pertenecía. El ser de la armadura, el guerrero con la máscara de marfil, se mantuvo inmóvil mientras los hilos de sangre roja y esmeralda los conectaban en un puente biológico que hacía temblar los cimient