Capítulo 214: El Diario de la Sangre Antigua
El suelo de la frontera no se sintió como tierra bajo los pies de Astraea, sino como el lomo de una bestia que exhalaba su último aliento. Al ser arrastrada hacia el subsuelo por la mano gigante de hueso, el estruendo de la superficie —los gritos de Valerius y el silbido de la soga de sombras— se transformó en un silencio denso, cargado de una humedad que sabía a moho y a secretos guardados bajo llave. Astraea aterrizó en una cámara circular, ilumina