Capítulo 206: La Deuda de la Sangre y el Olvido
El aire en el comedor ya no era aire; era una sustancia densa y cargada que sabía a metal quemado y a la sal de las lágrimas contenidas durante décadas. Astraea, inmovilizada por los hilos de oro que emergían de su propia copa de vino, vio cómo la figura de Selene, su madre muerta, señalaba a Valerius con una mano devorada por flores de hueso. La revelación de que el contrato ancestral exigía el aliento final del "lobo que mató a su esposo" cayó s