Capítulo 191: El Frasco del Silencio
El zarcillo de metal vivo, que un segundo antes era plata podrida, trepó por las pantorrillas de Astraea con una velocidad voraz. No era solo una sujeción física; era una invasión de su sistema nervioso. La sensación era una mezcla de quemadura eléctrica y un frío absoluto que le recordaba a las estacas de fresno en los viejos cuentos de cazadores. Al fundirse con su piel, la plata ya no se sentía ajena, sino como si sus propias venas estuvieran siendo susti