Capítulo 190: El Contrato de las Sombras
La pluma de hueso que Mikhail le ofrecía parecía vibrar con un hambre propia, una extensión de la misma voluntad que ahora gobernaba la corona de marfil sobre su frente. Astraea, atrapada entre el tirón de la mano de plata podrida en su tobillo y la mirada expectante de Amira, sintió que el aire en la alcoba subterránea se volvía más denso, cargado de una electricidad violeta que emanaba de su propio vientre. El rascado interno se había transformado en u