Capítulo 121: La Sombra Desprendida
El grito de Valerius fue ahogado por el resplandor. Astraea vio, con un horror que le heló la sangre a pesar del incendio que corría por sus venas, cómo su propia sombra —esa silueta que debería estar anclada a sus talones— se convertía en un sudario de luz blanca y sólida. La figura luminosa trepaba por el cuerpo del Alpha, envolviéndolo en un capullo de energía que vibraba con la misma frecuencia que el sol que ahora latía en la médula de la Reina.
El Escri