Capítulo 122: El Veneno de la Sombra
La voz de Mikhail, multiplicada por ecos que parecían nacer de las paredes mismas de la Torre, heló la sangre de Astraea. No era posible; ella misma había visto su cabeza rodar por el suelo de amatista. Sin embargo, la mano de obsidiana que se aferraba al marco de la puerta no era una alucinación. Pero el horror más inmediato no estaba frente a ella, sino a sus pies.
Al bajar la vista, Astraea vio que su sombra, ahora reabsorbida pero transformada en una man