Capítulo 117: El Cofre de Sándalo
El nombre de Silas quedó suspendido en el aire gélido del pasillo como una sentencia. Astraea sintió que la realidad se desmoronaba; sus dedos se crisparon sobre el mango de la espada de bronce, pero su cuerpo parecía haber olvidado cómo luchar. Frente a ella, el joven guardia que ella misma había visto exhalar su último suspiro, aquel a quien había cubierto con tierra y lágrimas, sonreía con una mueca que estiraba la piel de su rostro de forma antinatural. Los