Capítulo 103: El Eco de la Sangre
El llanto que emanaba de la cuna de obsidiana no era el de un recién nacido, sino un lamento polifónico que parecía rasgar la realidad misma. Astraea, despojada de su fuerza vampírica y sintiendo el peso de su nueva y frágil mortalidad, se aferró a los brazos de Valerius. El calor del Rey Lycan, ahora restaurado en su plenitud física gracias al sacrificio de ella, era lo único que evitaba que Astraea se desvaneciera ante la visión de la mujer que permanecía jun