Capítulo 104: El Susurro de las Sombras
El aire en la alcoba real se volvió gélido, una corriente de invierno estancado que hizo que el sudor en la piel de Astraea se transformara en escarcha. Valerius, que un segundo antes la rodeaba con el calor protector de su cuerpo, saltó de la cama con un gruñido ahogado, su instinto de Alpha erizando cada vello de su torso desnudo. La visión era una imposibilidad física: Silas, cuyo cráneo había visto dentro de un cofre horas antes, estaba allí, sentado