Capitulo 9

La mañana de la cena formal amaneció con un silencio sepulcral en la casa principal. Para Astraea, el lujo de la habitación de invitados no era más que una vitrina donde se sentía como un animal de exposición. Había pasado la noche en vela, observando las sombras de los dos grandes lobos que patrullaban bajo su ventana, recordándole que, aunque el Rey fuera el dueño del mundo, ellos eran los dueños de su tormento cotidiano.

A media mañana, alguien llamó a la puerta. Esta vez no fue Martha, sino una joven omega llamada Elara, que solía ser la única que le dirigía la palabra en la cocina, siempre y cuando nadie las viera. Elara entró con una caja de madera lacada y los ojos muy abiertos.

—Astraea... el Rey envió esto —susurró Elara, dejando la caja sobre la cama como si fuera una bomba—. La manada entera está hablando de esto. Sasha rompió un juego de té de porcelana de la rabia y Kaelen casi mata a un guerrero en el entrenamiento de hoy.

Astraea se acercó a la caja. Dentro, descansaba
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