El despertar en la Fortaleza de la Luna Plateada fue como emerger de un sueño profundo hacia una pesadilla de escarcha y piedra. El aire de las montañas del norte era una bofetada constante; no tenía la elegancia del frío de Draconis, que se sentía como seda fría. Aquí, el aire era un depredador que mordía los pulmones y recordaba a cada segundo que la vida era una concesión del Alpha.
Astraea permaneció encadenada a la pared de su celda subterránea durante las primeras horas de la madrugada. E