Capítulo 94
Las palabras del pequeño pergamino parecían vibrar bajo las yemas de sus dedos, cargadas de una estática que le erizaba el vello de los brazos. «Valerius fue quien nos entregó». Astraea sintió que el oxígeno de la cámara acorazada se volvía denso, casi sólido, como si las paredes de piedra estuvieran cerrándose sobre ella. El aire, que momentos antes olía a la calidez del romance y al almizcle del deseo compartido, se tornó gélido y amargo.
Giró la cabeza lentamente hacia la cama. V