Las palabras grabadas en el reverso del medallón ardían en la palma de Astraea mucho más que el metal frío. «El trono se reclama con la sangre del Rey que te marcó». El mensaje era una sentencia de muerte envuelta en una profecía, una daga directa al corazón de su romance con Valerius. Astraea cerró el puño con fuerza, ocultando el objeto mientras los guardias reales irrumpían en la alcoba con las espadas desenvainadas, sus rostros reflejando una mezcla de terror y confusión ante los restos de