El día cincuenta y tres nació envuelto en una bruma espesa que subía desde los valles inferiores, una niebla que se adhería a las piedras de la fortaleza como una segunda piel. Tras el enfrentamiento en la torre, el ambiente en la Luna Plateada ya no era de desprecio, sino de una paranoia eléctrica. Los guardias ya no se burlaban de Astraea cuando pasaban frente a su celda; ahora se hacían la señal de la protección o apretaban el pomo de sus espadas. Ella se había convertido en una anomalía, un