Capitulo 32

El amanecer en el Fuerte de Hierro no trajo luz, sino una penumbra azulada y gélida que parecía brotar de las mismas piedras. El Rey Valerius se despertó antes de que el primer guardia tocara el cambio de turno; se levantó del suelo con la agilidad de un depredador, aunque sus ojos reflejaban el cansancio de mil años. Antes de salir de la habitación de Astraea, se detuvo a observarla. Ella dormía con un brazo fuera de las mantas, y la luz tenue de la mañana revelaba las finas líneas plateadas que ahora decoraban su piel como encaje de luna.

Valerius sintió un impulso casi incontrolable de tocar esas líneas, de entender qué clase de metamorfosis estaba ocurriendo, pero se contuvo. Sabía que cada caricia, cada momento de cercanía, hacía que la despedida inminente fuera una agonía más profunda.

La comitiva abandonó el fuerte al mediodía. El camino descendía ahora de forma abrupta hacia el Valle de los Lamentos, una hendidura profunda en la tierra donde el viento quedaba atrapado, creando
Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP