El descenso del Paso del Dragón dejó atrás los riscos afilados para dar paso a las Tierras del Olvido, una llanura de brezo gris y ceniza donde el viento no soplaba, sino que suspiraba. Era un territorio de nadie, una zona de amortiguación donde la autoridad del Rey comenzaba a deshilacharse como un tapiz viejo y la influencia de las manadas del norte se sentía como una presión física en las sienes.
El carruaje avanzaba ahora con una lentitud exasperante. Las ruedas se hundían en el suelo bland