El sol apenas comenzaba a filtrarse por las cortinas cuando Clara se levantó. La noche había sido larga y tensa, y aunque no había dormido bien, decidió preparar algo de desayuno para ambas.
El aroma a café recién hecho y pan tostado llenó el apartamento. Quería darle a Ana un poco de normalidad, algo que la ayudara a mantenerse en pie.
Poco después, Ana salió de la habitación. Llevaba el cabello recogido en un moño desordenado y los ojos hinchados por el llanto.
—Huele delicioso —dijo con una