Afuera, el mar rugía con fuerza, iluminado por los relámpagos que cruzaban el cielo. Dentro de la casa, el ambiente era cálido, casi acogedor.
Todos entraron y cenaron en calma.
—Bueno, yo me retiro —dijo Clara estirándose—. Si no descanso hoy, mañana me duermo en el carro de regreso.
—Buena idea —respondió Marta con una sonrisa—. Yo revisaré que todo quede cerrado. No me gusta cómo suena esa tormenta.
Ana la ayudó a recoger los vasos y platos que habían usado durante la cena. Leonardo, sent