Ana se incorporó con cuidado, sin hacer ruido. Leonardo se había dormido nuevamente. Lo observó unos segundos: dormía tranquilo, con el ceño relajado, y el cabello algo revuelto. Ana sonrió apenas y se levantó de la cama, buscando su ropa en silencio. Cada prenda que recogía le traía el recuerdo de la noche anterior, de cada palabra, cada beso.
Se vistió y antes de salir, lo miró una última vez.
—Gracias… —susurró casi sin voz, y cerró la puerta con cuidado.
El pasillo estaba en penumbras. Cami