Leonardo las observaba desde la orilla, con los pies descalzos sobre la arena húmeda. Cuando levantó la mirada y vio a Ana acercarse, el tiempo pareció detenerse por un instante.
Ella se quitó el vestido con un movimiento sencillo, llevaba debajo un traje de baño rojo, de dos piezas que resaltaba su figura. No era la primera vez que la veía, pero sí la primera que lo hacía en ese escenario. Leonardo sintió un leve temblor en el pecho, una sensación extraña que no solía permitir.
—¿Y bien? —preg