Esa misma mañana, como de costumbre, Ana fue a estudiar al instituto. Trató de concentrarse en la clase, pero su mente no dejaba de regresar a lo mismo: la conversación con Leonardo y la inquietud de no saber qué sería de su vida ahora. Cuando sonó el timbre del almuerzo, Marta ya estaba esperándola afuera, como siempre, con esa discreción que la caracterizaba.
Por la tarde, Ana fue a trabajar a Santori Corp. Leonardo no se mostró, pero ella sintió su presencia constante, invisible, como si él