El amanecer se colaba por las cortinas del apartamento, tiñendo de naranja la sala. Ana estaba de pie frente a la ventana, aún en pijama, con el cabello recogido a la ligera. Llevaba toda la semana intentando convencerse de que todo estaba bien, que la vida podía volver a la normalidad después de aquella noche aterradora. Pero cada vez que escuchaba un ruido en el pasillo o veía una sombra moverse, el corazón se le aceleraba sin remedio.
—¿Dormiste algo? —preguntó Clara desde la cocina, sirvien