El sonido de la puerta cerrándose resonó en el amplio apartamento. Leonardo dejó las llaves sobre la mesa de mármol, se quitó la chaqueta y soltó un suspiro largo.
La noche seguía viva afuera, pero dentro solo reinaba el silencio, ese silencio que antes le gustaba y que ahora se sentía incómodo.
Caminó hasta el ventanal que dominaba la ciudad. Desde allí podía ver las luces extendiéndose hasta el horizonte, parpadeando como si intentaran imitar la calma que él no tenía.
Apoyó una mano sobre el