Los días en el Instituto se habían vuelto rutina para Ana, pero una rutina llena de desafíos y logros. Cada mañana, al llegar al aula, sentía una mezcla de emoción y concentración. Sus compañeros conversaban mientras se acomodaban en sus puestos, y el murmullo de hojas y teclados creaba un ambiente que Ana empezaba a disfrutar.
Desde el primer día, Ana había demostrado disciplina. No solo cumplía con los ejercicios, sino que los mejoraba. Sus informes eran claros, bien estructurados y completos