El cuarto de costura estaba al fondo del ala sur, detrás de la despensa.
Lo había ignorado durante meses porque no tenía ninguna razón aparente para entrar. Esa tarde sí la tuve: necesitaba hablar con Perla sin la arquitectura del comedor entre las dos, sin el café de por medio como excusa de interrumpir.
El olor llegaba al corredor antes de que yo abriera la puerta. Hilo calentado por horas, algo metálico y seco mezclado con el olor base de la hacienda.
Entré sin llamar.
Perla estaba junto a l