Fue un experimento. Eso me dije.
Dante lo había hecho tres días antes durante la sesión de medición: puso las manos sobre mis hombros, preguntó si podía sentir la diferencia entre el calor externo de él y el calor que yo generaba desde adentro, y me pidió que lo intensificara deliberadamente.
Lo hice. El calor respondió en segundos, subió como sube la temperatura de un motor que lleva mucho tiempo encendido y que finalmente lo pones en marcha en serio.
Lo que no probamos fue apagarlo.
Él termin