El primer episodio fue en el desayuno.
Dante llegó tarde, se sirvió café sin saludar, y cuando puse el azucarero donde él lo necesitaba antes de que lo pidiera, dijo: "No necesito que lo hagas."
El tono no fue grosero.
Fue el tono de alguien que lleva días con algo atravesado en el pecho y encuentra un lugar donde depositarlo.
Y fue suficiente.
El calor subió antes de que terminara de procesar la frase. No en el pecho —en la garganta, en la parte interna de las muñecas, en las palmas. Y cuando