El teléfono vibró a las seis de la tarde.
Estaba en mi cuarto con el diario de Ezequiel abierto sobre la cama, releyendo la sección sobre el Consejo de Estirpes con la atención que le debía ahora que tenía el contexto completo que Perla me había dado esa mañana.
La letra del diario se veía diferente. No el papel ni la tinta. Solo la manera en que yo la leía, con la información nueva actuando como filtro sobre cada frase.
Mi padre sabía exactamente lo que era. Lo había escrito con precisión de a