Dante había sido la reacción visible.
Luciano no reaccionó.
Durante los tres días que me encerré en la sala sellada, Luciano siguió con su rutina de una manera tan constante que, si no hubiera estado prestando atención, habría podido creer que ni se había enterado.
Correspondencia por la mañana. Despacho por la tarde. Paseos nocturnos por el patio que yo veía desde la ventana sin que él mirara hacia arriba.
No buscó la puerta de la sala.
No mandó mensaje con Perla.
No hizo nada.
Y eso, descubrí