La cafetería olía a café quemado y a frituras de la mañana que nadie había limpiado todavía.
Llegué diez minutos antes. Elegí la mesa del fondo porque tenía la pared detrás y visión de la puerta, que es la única manera en que me siento cómoda en espacios donde no conozco a nadie.
Ámbar llegó exactamente a la hora que dijo.
No tardó en encontrarme. No escaneó el lugar con la expresión de quien busca — llegó directo a la mesa como si supiera de antemano exactamente dónde iba a estar. Eso no era t