El apartamento de Zuri olía a café y a madera reciente.
No era un apartamento, en realidad. Era el cuarto del fondo de su oficina, que ella había convertido en algo habitable en el tiempo que tardé en decirle que sí cuando me ofreció el espacio. Una cama.
Un escritorio. Una estantería con tres libros que no eran míos y una planta que probablemente moriría si yo tenía que cuidarla.
En la ventana había un árbol.
No lo había notado la noche anterior, cuando llegué con la maleta y el cansancio acum