Salí de la sala sellada el cuarto día antes de que la hacienda terminara de despertar.
El corredor del ala sur tenía esa quietud específica de las mañanas tempranas aquí: madera fría bajo los pies, el olor a piedra húmeda que llegaba del patio interior, la luz todavía gris y sin definición precisa.
Subí al cuarto, me lavé la cara con agua fría, me cambié la ropa del día anterior.
Me tomé el tiempo de hacer la cama porque después de tres días usando el sofá de mi padre, la cama propia era un ter