POV SCARLETT
El silencio en la mansión Vetrovski se había vuelto denso, casi sólido. Ya no se escuchaban los brindis ni la música de los valses; ahora, el sonido predominante era el clic rítmico de las armas de la Guardia de Ébano al ser revisadas y el zumbido de los inhibidores de frecuencia que Klaus había instalado en cada rincón. Moscú seguía allí fuera, brillante y gélida, pero nosotros nos habíamos encerrado en nuestro propio universo privado.
Me encontraba en el laboratorio de la mansión